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sábado, 3 de septiembre de 2016

Es tiempo de que el hombre plante la semilla de su más alta esperanza.

     Yo amo a los grandes despreciadores, pues ellos son los grandes veneradores, y flechas
del anhelo hacia la otra orilla.
     [...]
     Yo amo a quien vive para conocer, y quiere conocer para que alguna vez viva el superhombre. Y quiere así su propio ocaso.
     Yo amo a quien trabaja e inventa para construirle la casa al superhombre y prepara para
él la tierra, el animal y la planta: pues quiere así su propio ocaso.
     Yo amo a quien ama su virtud: pues la virtud es voluntad de ocaso y una flecha del anhelo.
     Yo amo a quien no reserva para sí ni una gota de espíritu, sino que quiere ser íntegramente
el espíritu de su virtud: avanza así en forma de espíritu sobre el puente.
     Yo amo a quien de su virtud hace su inclinación y su fatalidad: quiere así, por amor a su
virtud, seguir viviendo y no seguir viviendo.
     Yo amo a quien no quiere tener demasiadas virtudes. Una virtud es más virtud que dos,
porque es un nudo más fuerte del que se cuelga la fatalidad.
     Yo amo a aquel cuya alma se prodiga, y no quiere recibir agradecimiento ni devuelve
nada: pues él regala siempre y no quiere conservarse a sí mismo18.
     Yo amo a quien se avergüenza cuando el dado, al caer, le da suerte, y entonces se pregunta:
¿acaso soy yo un jugador que hace trampas? - pues quiere perecer.
     Yo amo a quien delante de sus acciones arroja palabras de oro y cumple siempre más
de lo que promete
: pues quiere su ocaso.
     Yo amo a quien justifica a los hombres del futuro y redime a los del pasado: pues quiere
perecer a causa dé los hombres del presente.
     Yo amo a quien castiga a su dios porque ama a su dios19: pues tiene que perecer por la
cólera de su dios.
     Yo amo a aquel cuya alma es profunda incluso cuando se la hiere, y que puede perecer a causa de una pequeña vivencia: pasa así de buen grado por el puente.
     Yo amo a aquel cuya alma está tan llena que se olvida de sí mismo, y todas las cosas están dentro de él: todas las cosas se transforman así en su ocaso.
     Yo amo a quien es de espíritu libre y de corazón libre: su cabeza no es así más que las
entrañas de su corazón, pero su corazón lo empuja al ocaso.
     [...]
     Cuando Zaratustra hubo dicho estas palabras contempló de nuevo el pueblo y calló: «Ahí están», dijo a su corazón, «y se ríen: no me entienden, no soy yo la boca para estos oídos.
     ¿Habrá que romperles antes los oídos, para que aprendan a oír con los ojos? ¿Habrá que atronar igual que timbales y que predicadores de penitencia? ¿O acaso creen tan sólo al que balbucea?
     Tienen algo de lo que están orgullosos. ¿Cómo llaman a eso que los llena de orgullo? Cultura lo llaman, es lo que los distingue de los cabreros.
     Por esto no les gusta oír, referida a ellos, la palabra desprecio. Voy a hablar, pues, a su orgullo.
     Voy a hablarles de lo más despreciable: el último hombre».
     Y Zaratustra habló así al pueblo:
     Es tiempo de que el hombre fije su propia meta. Es tiempo de que el hombre plante la semilla de su más alta esperanza.
     Todavía es bastante fértil su terreno para ello. Mas algún día ese terreno será pobre y manso, y de él no podrá ya brotar ningún árbol elevado.
     ¡Ay! ¡Llega el tiempo en que el hombre dejará de lanzar la flecha de su anhelo más allá del hombre, y en que la cuerda de su arco no sabrá ya vibrar!
     Yo os digo: es preciso tener todavía caos dentro de sí para poder dar a luz una estrella danzarina. Yo os digo: vosotros tenéis todavía caos dentro de vosotros.
     ¡Ay! Llega el tiempo en que el hombre no dará ya a luz ninguna estrella. ¡Ay! Llega el tiempo del hombre más despreciable, el último hombre.


Así habló Zaratustra. (2014: 50-52)











La hora del gran desprecio


  Porque nunca es tarde para superarse:

     […]
        El hombre es algo que debe ser superado. ¿Qué habéis hecho para superarlo?
     Todos los seres han creado hasta ahora algo por encima de sí mismos: ¿y queréis ser
vosotros el reflujo de ese gran flujo y retroceder al animal más bien que superar al hombre?

     
     […]

     ¡Yo os conjuro, hermanos míos, permaneced fieles a la tierra y no creáis a quienes os
hablan de esperanzas sobre terrenales! Son envenenadores, lo sepan o no.
     Son despreciadores de la vida, son moribundos y están, ellos también, envenenados, la
tierra está cansada de ellos: ¡ojalá desaparezcan!
      En otro tiempo el delito contra Dios era el máximo delito,
[…]. ¡Ahora lo más horrible es delinquir contra la tierra y apreciar las entrañas de lo inescrutable más que el sentido de la tierra!
     En otro tiempo el alma miraba al cuerpo con desprecio: y ese desprecio era entonces lo
más alto: - el alma quería el cuerpo flaco, feo, famélico. Así pensaba escabullirse del
cuerpo y de la tierra.
     Oh, también esa alma era flaca, fea y famélica: ¡y la crueldad era la voluptuosidad de
esa alma!
     Mas vosotros también, hermanos míos, decidme: ¿qué anuncia vuestro cuerpo de vuestra
alma? ¿No es vuestra alma acaso pobreza y suciedad y un lamentable bienestar?


     […]
     ¿Cuál es la máxima vivencia que vosotros podéis tener? La hora del gran desprecio. La
hora en que incluso vuestra felicidad se os convierta en náusea y eso mismo ocurra con
vuestra razón y con vuestra virtud.
      La hora en que digáis: «¡Qué importa mi felicidad! Es pobreza y suciedad y un lamentable
bienestar. ¡Sin embargo, mi felicidad debería justificar incluso la existencia!»
     La hora en que digáis: «¡Qué importa mi razón! ¿Ansía ella el saber lo mismo que el
león su alimento? ¡Es pobreza y suciedad y un lamentable bienestar!»
     La hora en que digáis: «¡Qué importa mi virtud! Todavía no me ha puesto furioso. ¡Qué
cansado estoy de mi bien y de mi mal! ¡Todo esto es pobreza y suciedad y un lamentable
bienestar!»
     La hora en que digáis: «¡Qué importa mi justicia! No veo que yo sea un carbón ardiente.
¡Mas el justo es un carbón ardiente!» La hora en que digáis: «¡Qué importa mi compasión!
¿No es la compasión acaso la cruz en la que es clavado quien ama a los hombres?
Pero mi compasión no es una crucifixión.»
     ¿Habéis hablado ya así? ¿Habéis gritado ya así? ¡Ah, ojalá os hubiese yo oído ya gritar
así!
     ¡No vuestro pecado - vuestra moderación es lo que clama al cielo, vuestra mezquindad
hasta en vuestro pecado es lo que clama al cielo!
     ¿Dónde está el rayo que os lama con su lengua? ¿Dónde la demencia que habría que
inocularos?
      Mirad, yo os enseño el superhombre: ¡él es ese rayo, él es esa demencia!





Así habló Zaratustra. (2014: 47-48)



lunes, 29 de agosto de 2016

Sobre el último hombre

Prólogo de Zaratustra. (2014: 52-54)

  Y Zaratustra habló así al pueblo:
  Es tiempo de que el hombre fije su propia meta. Es tiempo de que el hombre plante la semilla de su más alta esperanza.
  Todavía es bastante fértil su terreno para ello. Mas algún día ese terreno será pobre y manso, y de él no podrá ya brotar ningún árbol elevado.
  ¡Ay! ¡Llega el tiempo en que el hombre dejará de lanzar la flecha de su anhelo más allá del hombre, y en que la cuerda de su arco no sabrá ya vibrar!
  Yo os digo: es preciso tener todavía caos dentro de sí para poder dar a luz una estrella danzarina. Yo os digo: vosotros tenéis todavía caos dentro de vosotros.
  ¡Ay! Llega el tiempo en que el hombre no dará ya a luz ninguna estrella. ¡Ay! Llega el tiempo del hombre más despreciable, el incapaz ya de despreciarse a sí mismo.
  ¡Mirad! Yo os muestro el último hombre.
  “¿Qué es amor? ¿Qué es creación? ¿Qué es anhelo? ¿Qué es estrella?” - así pregunta el último hombre, y parpadea.
  La tierra se ha vuelto pequeña entonces, y sobre ella da saltos el último hombre, que todo lo empequeñece. Su estirpe es indestructible, como el pulgón; el último hombre es el que más tiempo vive.
  “Nosotros hemos inventado la felicidad” - dicen los últimos hombres, y parpadean.
  Han abandonado las comarcas donde era duro vivir: pues la gente necesita calor. La gente ama incluso al vecino y se restriega contra él: pues necesita calor.
  Enfermar y desconfiar considéranlo pecaminoso: la gente camina con cuidado. ¡Un tonto es quien sigue tropezando con piedras o con hombres!
  Un poco de veneno de vez en cuando: eso produce sueños agradables. Y mucho veneno al final, para tener un morir agradable.
  La gente continúa trabajando, pues el trabajo es un entretenimiento. Mas procura que el entretenimiento no canse.
  La gente ya no se hace ni pobre ni rica: ambas cosas son demasiado molestas. ¿Quién quiere aún gobernar? ¿Quién aún obedecer? Ambas cosas son demasiado molestas.
  ¡Ningún pastor y un solo rebaño! Todos quieren lo mismo, todos son iguales: quien tiene sentimientos distintos marcha voluntariamente al manicomio.
  “En otro tiempo todo el mundo desvariaba” - dicen los más sutiles, y parpadean.
  Hoy la gente es inteligente y sabe todo lo que ha ocurrido: así no acaba nunca de burlarse. La gente continúa discutiendo, mas pronto se reconcilia - de lo contrario, ello estropea el estómago. La gente tiene su pequeño placer para el día y su pequeño placer para la noche: pero honra la salud.
  “Nosotros hemos inventado la felicidad” - dicen los últimos hombres, y parpadean. -

  Y aquí acabó el primer discurso de Zaratustra, llamado también «el prólogo»: pues en este punto el griterío y el regocijo de la multitud lo interrumpieron. «¡Danos ese último hombre, oh Zaratustra, - gritaban - haz de nosotros esos últimos hombres! ¡El superhombre te lo regalamos!. Y todo el pueblo daba gritos de júbilo y chasqueaba la lengua. Pero Zaratustra se entristeció y dijo a su corazón:
  No me entienden: no soy yo la boca para estos oídos. Sin duda he vivido demasiado tiempo en las montañas, he escuchado demasiado a los arroyos y a los árboles: ahora les hablo como a los cabreros.   Inmóvil es mi alma, y luminosa como las montañas por la mañana. Pero ellos piensan que yo soy frío, y un burlón que hace chistes horribles.
  Y ahora me miran y se ríen: y mientras ríen, continúan odiándome. Hay hielo en su reír.

viernes, 22 de julio de 2016

Entonces hay necesidad de algo... La Occa

Cuál es el sentido de la vida? Cuál es la naturaleza del ser humano? Cuál es el lugar que nos corresponde en relación a los otros seres y frente a la tierra? Acaso estas preguntas dejaron de tener sentido? Acaso estas preguntas perdieron su razón de ser?

O acaso ya encontramos la respuesta? O de pronto ya dejaron de ser interesantes, de pronto las distracciones y entretenimientos lograron satisfacernos del todo?

Algunas preguntas son más importantes que las mismas respuestas. Hay casos donde el simple ejercicio, el método, la contemplación es necesaria. Hay casos donde la respuestas son como la vida misma, cambiantes, complejas, escurridizas, profundas, temporales, circunstanciales, contextuales... de modo que nunca acabamos porque nosotros mismos cambiamos, mutamos, morimos.
Entonces hay necesidad de algo...

Cuáles son nuestros ídolos? Cuáles nuestras ilusiones? Cómo estamos tratando la justicia? Cómo atendemos nuestros corazones en sus más íntimas necesidades? 
Cómo construimos y mantenemos nuestros valores, nuestros principios? Cómo vamos creando nuevas alternativas, nuevas herramientas, nuevas fantasías? Qué tal si construimos sin ver el futuro, sin pensar en las siguientes generaciones de humanos, animales, plantas? Qué tal si nos auto-destruimos?
Entonces hay necesidad de algo...

Acaso dando dinero y distracciones se curan las hambres que como humanos nos hincan? Puede el dinero ser un legítimo dueño del mundo, ser la causa principal, el objetivo principal, el paraíso buscado? Debe el dinero ser la energía detrás de cada sueño, de cada gran proyecto?
Acaso no se puede vivir de modos distintos, en estilos distintos, llenando de color el mundo, los territorios, los pueblos, las familias y los individuos?
Entonces hay necesidad de algo...

Sobre el bien, sobre el mal... sobre estar por encima de eso. Quizás estemos tan abajo que vivamos atormentándonos a nosotros mismos, o tan aburridos que preferimos despojarnos de todo y ya!, pero terminamos soportando frío, soledad, desorientación, abandono. Qué tal si andamos dividiéndonos desde nosotros a nosotros mismos, si construimos denigrando, abusando, explotando? Qué tal si estamos nosotros mismos creando a los delincuentes, a los fracasados, a los renegados, a los resentidos, a los incomprendidos, a los incendiarios?
Entonces hay necesidad de algo...
Cuándo aprenderemos a aprender de los niños, a aprender de nosotros mismos, a buscar la armonía con nuestros instintos, con nuestra naturaleza, frente a nuestras diferencias y desigualdades? 
Sobre la jovialidad, la juventud, la energía, la comprensión, la tolerancia, el respeto, la originalidad, el conocimiento, la inocencia... la sabiduría... qué tal si son como libros abiertos de páginas que corren de modo que debemos estar leyendo, buscando, descifrando, descubriendo, luchando.
Cómo logramos ir en búsqueda del equilibrio al que la naturaleza misma apunta siempre a pesar de todas las capas que parecen confundirnos?
Entonces hay necesidad de algo. 



jueves, 12 de mayo de 2016

Corazón

Se forma y desde entonces nunca se detiene. Cuando lo hace... todo acaba. No obstante, durante todo ese tiempo vivimos sin pensarlo, vivimos sin sentirlo.
Pero podemos hacerlo: si cerramos los ojos y nos concentramos podemos sentir su trabajo constante. Podemos escuchar su eco: vive, vive, vive.
No sabemos si en él jueguen y luchen nuestras pasiones y padecimientos, pero la idea de un eterno retorno encuentra en él un primer símbolo. Una y otra hermosa vez la sangre regresa y vuelve a salir, una vez más corre y juega sana y ágilmente.
Mi corazón trabaja generosamente aún cuando lo olvido por años. Mi corazón trabaja generosamente aún cuando solo encuentra mi ingratitud.
Hoy cerraré los ojos y lo escucharé. Hoy cerraré los ojos para ver la magia de su tarea: los ciclos de vida que alimentan todo mi cuerpo, todo mi existir...
... veo energía que sale de mi pecho. Y siento una ola deliciosa que golpea suave, le da un agradable calor a todos mis músculos. Todo mi cuerpo parece crecer y se siente flotar. Una luz empieza a brillar y me envuelve al tiempo que gira suavemente. De pronto me pregunto, "eres libre, corazón? Lo soy yo? Tiene esto o algo sentido?"
Pero muy pronto me olvido de esas preguntas. Es ruido. Mi cuerpo sigue creciendo y flotando, la energía me sigue abrazando, y un eco: vive, vive, vuela... muchos sentidos empiezan a crecer



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